Monday, October 5, 2009

El paraíso está en el Sinaí

Visitar Dahab es como alojarse en cualquier punto fuera de Egipto, como encontrars fuera del país. No hay nada mejor para desconectar. Llegas a un paraiso donde se entremezclan mujeres con bikini, mangas cortas, extranjeros y bastante permisividad. Por supuesto, con un límite, ya que a pesar de todo nos encontramos en un país musulmán y tradicional.

Las aguas del Mar Rojo se convierten en un maravilloso refugio contra el calor. Hacer snorkeling o submarinismo es una experiencia inolvidable si consigues superar el miedo que da verte sobre esas grandes profundidades o sortear los corales que te rasguñan las piernas y si, tienes mala suerte, pueden hacerte algo peor porque entre ellas se refugian muchas especies animales peligrosas. Nadar entre bancos de peces es algo difícil de olvidar.


Pero todo lo bueno se acaba y vuelves a la loca y maravillosa ciudad de El Cairo. Allí no puedes llevar tirantes si no deseas convertirte en el centro de atención y de todas las palabras maliciosas. Pelear con los taxistas se convierte en una costumbre diaria como la de sortear los coches para evitar ser atropellado o tratar de respirar el aire inmensamente contaminado por veinte millones de almas y coches.


Sin embargo, dicen que sarna con gusto no pica. Y algo maravilloso debe de tener El Cairo para enganchar de esta manera a tantísimas personas.

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